pánico , trastorno de ansiedad , agorafobia ,zaragoza , Zaragoza , malestar , sudoración 

Aunque la etimología de la palabra “agorafobia” se refiere solamente a un temor experimentado ante un espacio abierto, el sentido que hoy día le damos a esta palabra es mucho más amplio, ya que se refiere a un miedo muy intenso que puede aparecer en situaciones y lugares muy diversos tales como ir al cine, coger el autobús, quedarse sol@ en casa o atravesar una calle llena de gente, por poner sólo algunos ejemplos. Cualquiera de estas situaciones (y, en general, cualquier otra en la que la persona puede sentir que es difícil huir o encontrar ayuda) puede desencadenar una crisis de pánico, es decir, un episodio caracterizado por una gran variedad de síntomas tanto físicos (palpitaciones, taquicardia, hiperventilación, dilatación de pupilas, mareos, sensación de desmayo, opresión en el pecho, dolor pre-cordial, que inmediatamente hace pensar en un infarto…, y un largo etcétera) como psicológicos (sobre todo, sensación de muerte inminente, temor a volverse loco o a perder el control). Si estos episodios tienden a repetirse en determinadas situaciones, es muy probable que la persona comience a evitar tales situaciones, deje de coger el autobús, de ir al cine, o incluso, en los casos más extremos, de salir a la calle: esta evitación es la característica más notable de la agorafobia, y no es difícil imaginar hasta qué punto puede llegar a limitar la vida de quien la sufre. Es importante señalar, no obstante, que también pueden darse crisis de pánico de modo aparentemente espontáneo, sin que vayan asociadas a la fobia, y que constituyen de por sí una enfermedad.

Con o sin agorafobia, los síntomas de una crisis de pánico pueden llegar a ser tan intensos y aterradores que, en no pocas ocasiones, la persona afectada acaba acudiendo a Urgencias. Estas visitas dejan a la persona, frecuentemente, con la penosa sensación de haber hecho el ridículo, o, quizá, de no sentirse tranquila del todo. Emprende entonces un largo peregrinaje buscando una supuesta enfermedad física que no existe. En ocasiones, el diagnóstico puede ser impreciso. La persona puede recibir términos muy vagos como “nervios”, “ansiedad”, etc., que contribuyen muy poco a clarificar su situación. Al no sentirse comprendidas por muchas de las personas que las rodean, y al no poder entender ellas mismas lo que les sucede, muchas personas evitan hablar de su enfermedad porque, al ignorarlo todo sobre ella, se catalogan a sí mismas como simples bichxs rarxs, y no como afectadxs por una enfermedad tan real como cualquier otra, y más extendida que muchas.